TAPA Y CONTRATAPA
domingo, 3 de octubre de 2021
jueves, 12 de agosto de 2021
Lucía Folino - Un cafecito en la tertulia. Biografía abreviada
Todos mis libros pueden ser leídos gratuitamente en Blogspot.
Se puede obtener el pdf en Amazon, e-Book.
En formato papel -ediciones limitadas- pedidos directos.
Para evaluar la obra del poeta es menester una lectura completa e integral, el conocimiento de su biografía, su pensamiento ético y filosófico y su ejemplaridad humana.
Aunque puede suceder, ningún poeta vive de la literatura. Distinto es el caso de novelistas, guionistas, editorialistas u otras variables. De la poesía no. Para eso están los premios literarios, que en una era superinfomada por las carreteras automáticas son de dudosa reputación.
Por eso, si quieres (o querés) invitarme un cafecito, lo podrás hacer en el link que aquí te dejo.
https://cafecito.app/graciasquenecesitas
Lo recaudado será destinado a la difusión mediática de poetas que no tienen acceso a dichos espacios, aún estando verdaderamente comprometidos con su escritura.
Nuestra deber es transmitir a las nuevas generaciones la experiencia y el goce por las letras de la literatura hispanoparlante, en un mundo cada vez más globalista, que viene por nuestra destrucción de la cultura iberoamericana.
Estoy recitando poemas y fragmentos en tiktok: Lu por la Poesía
@lucifolino
Muchas gracias
Un abrazo.
Lu
Lucía Angélica Folino nació en Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, el 19 de diciembre de 1956,
Abogada, docente y poeta.
Publicó: "Retablo de duelos" – por Editorial Dunken en 2004, "Acuario Plateado por la Luna" en el año 2005. Parte de su obra aparece en prestigiosas antologías nacionales e internacionales en formato papel y revistas literarias virtuales y blogs digitales. Escribió letras de canciones - registradas en SADAIC y SIAE- entre las que se destacan poemas y traducciones en la opera prima del compositor italiano Lorenzo Gabetta: “Salvando las distancias”, lanzado en Milán en el año 2012.
Ejerció la abogacía durante más de tres décadas. Dictó cursos de poesía y letras de canciones, tras haber participado en numerosos talleres de poesía, narrativa y letrística de canciones en SADAIC. Fue vocal del "Centro cultural Alejandra Pizarnik" de Avellaneda durante dos años.
En 2015 publica: “Venas al Menudeo”. En el año 2018 presentó: "Cruzamientos y Aspavientos", "Premio Consuelo", “Enfundá la mandolina”, 2020 presenta: “Cetrerías o Cordero de Dios”, “De dragones y miserias”, “Los varones no saben distinguir”. En el año 2018 dirigió y editó la revista digital El Camaleón Fatigado. E-books en Amazon.
Impreso: En julio de 2021 -Buenos Aires, Argentina.
Paz es la Palabra
Paz es la Palabra
"¡Si tú también hubieras
comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. “Lucas
19:42
Muchas cosas te pasan si estás muerto:
Encuentras tu puñal inoxidable,
la corona de espinas, el cortejo,
el poncho del abuelo en la maleta
que tiraron al mar,
por temor a las fiebres amarillas
que hacen metástasis en barcos de inmigrantes
con gentes escapadas de la guerra.
Muchas cosas te pasan si estás muerto:
Lo sabe el ruiseñor que te acompaña,
y que siempre creíste que era un cuervo,
por ser víctima de metáforas
corroídas de gris literatura.
Te sorprende con brillos y matices,
esa flor que has robado en los jardines,
para darla de ofrenda al desconsuelo,
porque tiene dos pétalos intactos,
sin fisuras ni grietas de abandono,
sedosas como un fino terciopelo
al tacto de tus manos
que carecen de dedos y de uñas,
en el sordo rumor de un tullido escenario.
Te arrulla el desamor sin frustraciones.
Recuerdas que tu boca está sellada;
y una carta ocultada en un ropero
-un absurdo ropero de cristal o nieve-,
espera ser leída con premura
por el destinatario desconocido que la abra,
con un cortapapeles de inventario
a sabiendas de que irá a quedarse ciego.
Muchas cosas te pasan si estás muerto:
Merodean espectros por tu entorno,
zumbando la canción de las abejas;
se te pegan bigotes en las nalgas,
cuelgan telas de araña de los techos,
y tu garganta carraspea
como un motor a punto de fundirse,
por no poder fumar sin miramientos.
Demasiadas cosas te pasan si estás muerto:
Admites que has vivido algunas décadas,
valientemente enroscado entre
tu ombligo y una sombra ilusoria,
similar a la de El viejo y el mar,
novela que amén de meritoria,
te busca inevitable,
reflejada en el lago de Narciso,
con tu nariz pegada a la pantalla de un cine
que hace siglos que no existe,
excepto entre los trastos de un archivo,
que un ángel ha escondido en los rincones
con menos picardía que malevolencia.
Es más, te dices en silencio:
“Es mejor que estas cosas, vulgares e inocentes,
que causan extrañeza al invitado,
sucedan ahora que estoy muerto,
presente ante mí mismo,
en mi entierro de nervios, músculos y tendones
con más alcohol que agua, y menos pelo que grasa"
para desquite y venganza de esa alma cansada,
que al nacer te han brindado virginal y liviana,
entre sábanas con sangre y ayes de dolor,
desde una erótica vagina maternal
que amarás tu vida entera,
mamando del pezón que exonera su cálido cobijo
del que fluyen sonidos musicales,
succionando y gruñendo,
suspiros, nanas y oratorias,
revestidas de líquidos amnióticos y puntos de sutura
manchados por membrana de placenta.
La inexplicable y tórrida Madre Creadora
pidiendo a Dios, con devoción suprema
en un idioma que entiendes solo a medias
que apresure el calostro para el vástago,
mimándote y besando tus pies, hasta el remilgo.
Te alegra que estas cosas, triviales, pasajeras,
te pasen mientras sabes que estás muerto:
porque es cien veces peor, vivir equivocado,
hostil y virulento,
creyendo que los sueños algún día,
cumplirán su propósito inocente,
creyendo que el final es inviolable,
si te dieran calor amartelado,
en cada cambio de pañales;
en tanto que unos niños, de repente,
tus antiguos amores, tus hijos, tus amigos,
enfilan ante el turno de viejos toboganes,
en un corso de kermese,
para deslizarse al umbrío precipicio,
y tú, detrás de ellos,
confabulados, resplandecientes e inquisidores,
exigiendo rosquillas de azúcar impalpable,
o dulzonas y tibias manzanas acarameladas,
que van a arruinarte los dientitos de leche,
que cambiaste por obra de un milagro
al que llamabas Ratón Pérez,
que dejaba debajo de la cama
el precio de una pérdida que subastaron sin tu firma.
Estas cosas que ocurren, trascendentes
de luz a oscuridad y bis se versan.
Ahora tú las contemplas y conoces,
porque dormita al lado de tu cama,
el secreto que nunca presentiste
pero alguna vez, escuchaste de abuelos resignados,
después de ponerse un poco de humectante crema,
para aliviar los surcos resecos en el rostro,
por vientos que congelan su pánico y sus huesos.
Y lloras, muchas veces… lloras… lloras
aunque sepas, que es mejor estar muerto.
Las arrugas ganadas con esfuerzo,
en soledad de cavernícola,
y ansiedad de impaciencia,
al Señor de los Cielos
rezan como mascotas entrenadas,
orando por poner coto a la espera:
Qué cuernos.
Es mejor que te pasen ciertas cosas si estás muerto:
Recuerdes y perdones; reconcilies
si vuelves a nacer, sin saber cuándo,
ni si tiene un porqué lo vulnerable,
cantando un Aleluya en arameo,
y las obstetras guiñen sin asombro,
para que tu nueva madre no sospeche,
que podrías haber también nacido,
recitando los haikus japoneses,
o el antiguo latín de la escolástica,
o el sajón de las tribus de bárbaros ingleses;
y dirán, entre risas, que los tuyos
son meros balbuceos.
La primera palmada no busca que respires,
ni que adoptes tu antigua sinestesia.
Ellos quieren que borres el pasado;
que tu mente se adecue a una nueva pareja,
que quizás, en un tiempo, podrá llegar a amarte
como si fueras un superviviente más del holocausto
y te amará sin dudas, contra viento y marea,
si cumples con tu parte del convenio.
Esa mísera familia que te eligió y elegiste
para ser de tu familia, en una sociedad absolutista,
te traerá al más acá, cuando estés muerto,
rogará con descaro e inocencia:
que intentes progresar con la corriente,
porque el archipiélago fue invadido por expertos,
porque al archipiélago lo llaman continente
y las ballenas fueron atrapadas
por la fosca bandera de metal y estrellas,
revaluadas en oro y efectivo,
con tolerancia cero y mil defectos,
la bandera del karma del que amargamente reniegas,
deseando huir con los parias a otros mundos:
al suicidio colectivo
por tanta sinrazón que te ha de parecer inevitable.
Muchas cosas te pasan si estás vivo
y con conciencia,
saber que muchos piensan
que de la muerte no se vuelve,
por ejemplo,
(y asesinan a quienes no lo admitan).
Los poderosos serán tus humillantes jueces,
tus dueños esclavistas,
los tiranos groseros e infamantes,
y gozas la certeza indubitada,
que, escogiste muy bien,
el abrazo añadido sin esfuerzo,
porque siempre habrá leche,
si le ponen amor al chocolate los piadosos creadores,
porque siempre habrá padres que te adoren
y te lleven al parque
“cuidado: no resbales,
que el viejo tobogán es peligroso”
y llevan corazón en las solapas.
Si guardaste la carta de la reminiscencia,
en el ADN que te vio nacer por vez primera
a este mundo intratable, hermético y difuso,
que te hará sonreír con su réproba censura,
serás feliz,
por no seguir siendo como tus primos primates,
aceptando durezas de conducta.
Los entes disfrazados de personas
no sublevan la condición humana;
sacan rédito los orangutanes
que hacen monerías en el circo
para sentirse dioses del planeta,
pensarse redimidos
por la Verdad y la falsa elocuencia
de sintaxis remotas.
Me temo que no fueron curiosos esos tipos
disciplinados para el matadero.
La esquela de constancia cuando naces
ofrenda un solo verso,
seis escuetas palabras, sin adornos:
“Sé bueno, sé feliz y
ama”.
Lo demás es gambito de peones;
pitanza para chanchos;
elecciones del aborregamiento.
El estorbo fingido. Pecados capitales.
Trasplantes. Noche. Aurora.
Genocidio. Birretes. Amnistía.
Y dirás lo que Lucas escribiera:
“¡Cómo quisiera que hoy comprendieras el mensaje de la paz!”, con su retórica modesta:
“Sé bueno, sé feliz y
ama.”
Sublime poesía.
Casi un fotón partido
Casi un fotón partido
En el fondo del túnel, una luz transparente
abre paso a otra vida, por mí desconocida.
Disociada y abstracta, casi un fotón partido
que ocupa dos lugares del plano y del instante,
al mismo tiempo herido,
apoyada en tu espalda, entera y condensada,
montando en caballito, las piernas enlazadas,
se ciega tu conciencia bebida y confundida
en verdes madrugadas de vómito caliente.
Sintiendo que no pesa mi cuerpo
y no te aplasta el sólido elemento,
fugué hacia las montañas
de neblinas heladas, serpeando el Himalaya
entre motas de polvo,
con secas falsedades de indígena en apuros.
Y es tarde para besos
y es pronto para lágrimas.
Desde afuera vislumbro tu rostro en nuestra almohada,
temblando tus caderas
estalló la guitarra,
ciempiés de dormitorio,
componiendo canciones
que acarician el alma,
y me nombran,
me buscan,
como si te faltara.
Y estoy en todas partes,
calmándote la fiebre que silba un desafío,
cerquita de tu apremio de visión extenuada,
Y estoy en todos lados
en tu huella anterior, en el simple futuro,
aquí, allá y ahora,
tal vez, después, mañana.
Nada
NADA.
“Nada.
He existido.”
Sartre.
La Náusea. (Una de las mejores novelas del siglo XX).
Nada.
He existido para ser papel y pasado;
para albergar en mi juerga escarlata
las pasiones y el deseo;
para haber renunciado al clima peninsular
aquel invierno
y gastar la piel,
hastiada de preguntas y reproches
en un basurero efímero,
único horizonte del paisaje.
Respondí “sí” con la cabeza erguida
cuando fui interrogada por jueces anónimos;
dije “no” al plato de comida caliente
con la efervescencia de los veinte años.
Cien tarjetas de amor
me esperaron a la salida del hipódromo,
cien sombreros ausentes
se colgaron de mi laúd.
Reconozco el pecado
de haber tragado mi propia placenta
y el deshonor de haberlo olvidado,
como si tal cosa fuera posible.
No vale memorar el arrepentimiento.
Dentro de un segundo,
mitad de minuto, a lo sumo,
seré Nada,
como dicen todos los hombres,
desde quien sabe qué siglo,
quien sabe qué ciudad,
quien sabe qué hemisferio...
Cuando descubrí este cielo laberíntico,
las migas de mi cuerpo,
tendidas en la arena,
se precipitaban a la boca de los pájaros
con callada virulencia,
y al final, la nada,
nadita de nada,.
recobraba su trágico sentido.
Finales
Finales
“Que sepa coser
Que sepa bordar
Que sepa abrir la puerta
Para ir a jugar”
Con cierta falsa masculinidad
y con sus conciencias universales
los hombres se disponen
a matarse en combates
por ser héroes de guerra con gloria en las espaldas.
(Mira cómo se trenzan
en partidos de fútbol de la liga).
Las mujercitas consienten benévolas
a ser sus enfermeras, sus esclavas,
con suma omni-sapiencia de karma del destino
serán madres solteras,
la voz que no se acalla,
o señoras ridículamente hostigadas,
en un cuchicheo entre toldos
de los chiringuitos de playa.
Señoras y señores
se casan y descasan.
Administran pobreza.
Educan al soberano.
Curan heridas con alcohol, limo y agua.
Bordan trapitos al sol para abrigarse.
Y continúan sonriendo
con plácida bonhomía
mientras dan de merendar a perros y gatos.
Después de engordar lentos, sin prisa
mas sin pausa,
trepanando sus alas
con cruel incompetencia
en sendos corazones abatidos
de ganarse la vida, con resaca,
sus horas se corrompen en morderse las uñas,
esperando al Mesías,
o al hijo, que es lo mismo.
Apuesten por Obama, por Chávez o Bin Laden,
el que gana se lleva como premio consuelo
una flor de palabra.
(El fin de la inocencia
se acopla en sus chicharras)
Más pequeña y más grande que un átomo
Más pequeña y más
grande que un átomo
Más pequeña y más grande que un átomo
es la tristeza intangible.
No cabe tanta desolada pena
en un frágil corazón herido
de mortal soledad indefinida.
Atravesar la puerta de la casa
y verse solo,
rodeado de espectros fantasmales,
contraría la gracia de la noche
que promete tropiezos seductores
con carabelas que el mar ha naufragado
en islas de reputación dudosa
entre mareas de alcohol y pestilencia.
Mirar a cada rato
la pantalla del teléfono móvil,
que hemos convenido en llamar celular,
porque cada mensaje a recibir
formará parte de la epidermis afectiva,
sutil canción de cuna que arrulle nuestros sueños,
y decepcionarnos,
como si no supiéramos de entrada
del abuso de spam publicitario
que va a burlarse de
nosotros.
Encender el televisor como un ritual inútil
y apagarlo,
buscando cualquier cosa
que espere en el refrigerador el momento adecuado
de ser servida en la mesa.
Ir cocinando
la comida menos aconsejable del día
en tanto que extendemos la cama que dejamos desecha
antes de salir apurados al trabajo.
Cenar, por fin, a solas con la ausencia,
que crece cual una sombra bien alimentada.
Y después de leer algunas páginas
del libro más tedioso de la historia
de la literatura contemporánea,
otra vez a irse a dormir con la seguridad
de que este no ha sido el peor día de nuestra vida,
que nos queda mañana por delante,
si logramos sobrevivir la aturdida pérdida
del abandonado
a la deriva de Dios y su ironía.
“Lo dejo a tu criterio”
“Lo dejo a tu criterio”
Chisporrotear, lo que se dice chisporrotear,
ella chisporroteaba poco.
Lo había hecho antes la guerra, pero ahora elegía el jardín.
Su cuerpo no fulguraba embriones con aspecto de lozanía.
Sus jaleas no iban a cambiar el equilibrio del sistema.
La memoria guardaba un éxodo.
Casi nada tomaba al pie de la letra.
Cuando entornaba los ojos se veía muy mayor
comparada con higueras o sequoias.
La infancia era un espejismo.
La juventud florida, un tórrido recuerdo ambivalente.
Su tronco estaba preparado para que su apellido
se grabara en las rocas,
que guardan las huellas de tantos olvidados
que dejaron caer su peso sobre la tierra.
Y sin embargo,
la dócil casualidad jugó sus cartas eternas.
A lo hecho pecho.
Su estridente obsesión quedaba a salvo.
BE SOBER
BE SOBER
Be sober, be watchful: your adversary the devil, as a roaring lion,
walketh about, seeking whom he may devour
1 Peter 5:8 (English Bible revised version)
La piedra de Babel te asfixia.
Llorar por los rincones
no está mal, valiente criatura.
Se terminó la guerra del sudor.
Ahora hay que juntar los platos rotos
en un psiquiátrico de niños.
La fiebre inalterable en el papel
calma la cuota auténtica del miedo
y va pisando charcos entre arterias
de corazones rotos.
Aventurarse a ser el mago
que levanta pedazos de cerebro
es una beca absurda en el idilio.
¿Cómo puede juzgarte
un río sin aristas
que mide en regla de oro los escándalos?
¿Cómo puede ofenderte quien
apenas te conoce y se persigna?
Las compuertas del infierno
Las compuertas del
infierno
Hay que construir compuertas,
diques, canales
al yo que nos asesina.
Hay que derrapar por los manglares
de una naturaleza desbordada
y resolver los enigmas del Otoño.
Llegar a otros sitios
deshabitados por hombres ciudadanos
que no conocen de cuchillos y escalpelos,
ni de pasta enloquecida.
Hay que retomar las barcas
que nos llevan de esta muerte sin destino
Y volverse mago, hereje, monje,
científico, astronauta,
filántropo del camino,
jugador de tute cabrero,
traficante de vírgenes sin desvarío
y sin sueños.
Hay que amortizar los empeños,
dejar a un costado los pecados capitales,
y fornicar robando hasta la última hora.
Apresurar el adulterio con la mujer de tu amigo.
Vivir en un segundo
el segundo que es tu vida.
El mochuelo de Minerva
El mochuelo de
Minerva
“En la vida lo principal
es explicarse.
De la cárcel se sale
vivo, de la guerra no.”
Viaje al fin de la noche
Ferdinand Celine
No hay una sola palabra en este mundo
que merezca quedar en la memoria.
Los hombres son de paso,
sus lenguajes
se extinguen, se bifurcan, se matizan.
Se fragmenta la vida en divergencias.
No ejerce Dios fuerza gravitatoria.
La realidad de ensueño enajenada
carece de sentido.
El sermón no trasciende a los espíritus.
El alma no consigue definirse
en su clarividencia.
Durante algún tiempo tendré
que seguir exorcizando blasfemias,
tirando del ovillo,
tratando mal de aparentar cordura
cuando toca vivir
y perder pista.
La poética agoniza a manu
propria
Prescribiré su desengaño
a medida que lo recuerde,
con hebras sueltas o articulaciones
como si el ruido de mi voz
emitiera la música genuina
de huríes extenuadas.
¿Quedarán paraísos en el fuego?
¿Es posible reconocerlos
sin una dimensión retórica?
Flexiono y estiro mis vértebras
mientras me voy deshaciendo
con una desmesura truculenta
hasta la liberación de la heurística
e invado escuelas
con arte de fantasma emparedado.
La lechuza o mochuelo de Minerva:
metáfora hegeliana sobre la filosofía.
Los oscuros peones del rey. Primera visión de Isaías
Los oscuros peones
del rey. Primera visión de Isaías
"Estoy harto de holocaustos
de carneros
y de la grasa de
animales cebados
no quiero más sangre
de toros, corderos y
chivos”
Oráculos. Primera visión
de Isaías.
I-
Cuando
desampara el deseo a los peones,
y la cuerda que tensa la guitarra del Rey
se rasga,
enmohece la lírica del sordo y compañía,
cuando
se alzan en ejércitos en furia,
perdiendo los papeles en el toque de diana,
cuando el pozo de lobos de la guerra
simula un bache do esconder carneros
y el Magreb y la aurora se confunden
en un horizonte nebuloso
en sombras,
llegan los tiempos del oráculo:
los oscuros,
aquellos que ni rastro dejan en la arena,
los tímidos,
los hombres y mujeres de su Alteza y Señoría,
esa peonada jornalera,
harta de holocaustos
nutridos de la humana piel
de pequeños hermanos,
denegará al Pentágono sus órbitas terrestres,
y les dará venganza por mano propia:
Construyamos juntos el pesebre
en el rayo azul de sus embustes y caprichos.
Dulce sueño mío
Dulce sueño mío
Todo se ha ido esfumando.
De repente ha pasado el mundo
en su carroza de espejismo,
el mundo que ha cegado nuestros ojos.
El cielo está ahora gris de nubes tormentosas.
El ruiseñor bosteza
y trece rosas rojas
duermen
el infinito ensueño
de la resurrección.
La luna aletarga esta noche
con su tibieza de ángeles.
Presiento el paraíso
como una despedida de solteros,
donde bailamos juntos
y embriagados
la milonga del rastro perdido,
hasta que la aurora remonte el vuelo
del torvo amanecer.
La quemadura del tiempo
deshabitado y baldío,
angustia a quienes no han podido
subrayar el estribillo
con cuchillo de plata.
Nos vamos, ruinoso sueño mío,
¡Las horas que gastamos
sacando punta al lápiz!
La bruma, atribulado sueño mío.
Las tinieblas, el caos, la linterna,
el estereotipo de las escaleras.
El cochero está batiendo palmas.
La puerta, entreabierta,
No te alcanzo, perfumado sueño,
engañoso sueño,
la herrumbre de la aldaba,
el lagrimal herido, la cerradura rota
la zona escampada entre difuminados ocres,
las líneas paralelas, los relinchos lejanos.
Nos vamos,
dulce sueño mío.
Acaso
nos volveremos a ver
en un cruce de sórdidos andenes.
Se nos fue de las manos
Se nos fue de las
manos
(canción)
Se nos fue de las manos.
Se nos fue de las manos.
Déjame que te explique
regando los geranios
con los ojos vendados;
déjame que te enseñe
por si sirve de algo.
Se nos fue de las manos
tratando de intentarlo
con los ojos cerrados
del jardín del verano
que es igual que en visiones
opacas por los años.
Se nos fue de las manos
como turbia calima
de vapores del agua;
cada línea fue escrita
-cada turbia calima-
me abstendré de citarlas.
Déjame que te explique
con los ojos hinchados
de ausentes maquinarias,
ceremonias sombrías,
cargadas de tormentas,
contra el sexo inflamado,
miradas atenuadas,
corazón hecho trizas,
opaco por vapores
del huerto de geranios.
Se nos fue de las manos
sin poder remediarlo.
Menudos promontorios
y nidos reaccionarios
huyendo de las nubes
cargadas de tormentas
en el triste escenario.
Me abstendré de citarlos.
cada línea fue escrita:
pordioseros de estado
peregrinando leves,
subiendo hacia las nubes
quisimos intentarlo,
masticando raíces
de contexto obligado.
Se nos fue de las manos
y todo lo perdimos:
el sexo, las raíces,
el lodo, las tormentas,
las nubes, los geranios.
Se nos fue de las manos.
Se nos fue de las manos.
Para salir al mundo
Para salir al mundo
Tuve que darme un poco de coraje
para salir al mundo y complacerlo.
A veces, la fatiga nos funda un horizonte
y dejamos caer en la mortaja
latidos que hemos visto escabullirse,
como avances nocturnos de películas
que solo han de pasar
en el canal antiguo del olvido.
Tuve que darme un poco de resuello
para salir al mundo y comprenderlo.
La anciana sombra del ayer moroso
se ha descarnado en velos y congojas
de inminencia futura e indispuesta
que admite estar ausente con aviso.
Aflicción del deseo
donde nada habrá sino nostalgia prescriptiva.
Las poetas del montón
Las poetas del montón
I-
Las poetas del montón;
las malas poetas poetisas,
pizarra y tiza en mano;
las Nada que decir,
sus obsesiones:
heptasilábicas, decimonónicas;
como una red que al humo no renuncia;
asediadas por el oscuro recoveco
de una crisis que no sufren;
se rejuntan juntitas a aplaudir
sus diablos azules, vetustos y sin brillo,
como indica el zodíaco
del diario de anteayer.
Entre copas de vino
y labiales baratos
se besuquean las mejillas
a diestra y siniestra.
La anchura de sus fugacidades
me descorazona.
Con temblores de gallinita clueca
me amedrentan.
Sus cuchillos cargados de jardines
y florcitas anticlericales
para un casamiento de punta en blanco,
asfixian los pechos de
los ángeles que invocan.
La constelación de la pausa
festeja su afonía.
El píloro manda resignación
ante la adoctrinada terquedad
del vómito que expelen.
Las de Barranco,
siembran
una estética
de enfermedades que no existen
para ofrecer soluciones
que tampoco aportan.
Ohhh primer amor.
Cuanto insensato te denigra
con canciones que se arrugan
alrededor de tu mirada.
Quien ya no te quiere
nunca te ha querido.
II -
He forjado esta carta
desde la celda de mi aburrimiento.
Sin nostalgia del no ser
fui la chica del coro,
la empleada doméstica,
la manicura inerme,
la depiladora ciega,
la auxiliar contable
que calcula los milagros,
el porqué de los oyentes de poemas y cantares.
La he escrito porque sí,
para curar el tedio del domingo,
14 de noviembre del 2010,
la prisa de los lunes,
la maldición de Marte,
el cielo nebuloso de la actual primavera
que escasea/ que escarcea/
En el viaje de regreso,
mi tren no encontró el pueblo,
el pueblo se marchó
abatido, detrás de un viento seco.
Delirando
su enfado contra la barbarie,
se asentó en las orillas de la civilización.
Por su tronchada mente torpedearon
sueños de avenidas
en expedientes importados
por suntuosas pantallas panorámicas.
Ohhh primer amor.
Cuanto insensato te denigra
con canciones que se arrugan
alrededor de tu mirada.
Quien ya no te quiere
nunca te ha querido.
Lo peor de la inocencia es su belleza.
Lo mejor de la inocencia son los destripamientos.
Como dijo Juan Gelman
en su Mundar libro:
“Los pájaros cambian
de vida
y preguntan lo mismo
de siempre.”
III-
¿Me nombra todavía su alma en pena?
No se trata de una simple pregunta retórica.
Quisiera saberlo.
Miénteme urgentemente
con muchas oraciones de respuesta.
Por mensaje privado o correo manuscrito,
por carta sin timbrar, o como gustes.
Dime que Jeff Buckley
no se ha ahogado en el Río Wolf,
que es el río deyectado de la estepa,
del famoso erial, que me deshoja
y en su camino fatal
alguien va sembrando
el mal...
Dime, por tierna analogía,
que Jeff Beck,
guitarrista de Yardbirds,
-esos pájaros del patio delantero-
no ha roto su guitarra en el Blow-up
de Antonioni
y que en esa cueva de Julio
nadie desesperó
por tener un pedazo de madera
para arrojar su rabia al fuego de las calles.
Menudos lobos esteparios
bien atados
en todos los corrales,
para que yo los
recoja.
¿Los has visto en el Perú?
Me escribió steppenwolf,
el de la página porno
que gozaba tener sexo
como el bíblico Onán
del coitus interruptus,
mirando las fotografias
de Carmen de Las Delicias,
la famosa prostituta de la calle madrileña,
la Carmen de Bizet del triple equis.
Me ha escrito, te decía,
del otro lado del mostrador,
sin decir esta boca es mía,
con recelo,
callando para otorgar
su impotencia de toro en las corridas.
¡Qué Don Juan de la Cruz crucificado!
¡Qué ventisquero de hielo!
¿Me nombra todavía su alma en pena?
No se trata de una angustia casual.
Quisiera saberlo.
Miénteme con demagogia,
con muchas evasiones por respuesta.
Lo mejor de la inocencia es su belleza.
Lo peor de la inocencia son los destripamientos.
Versa y reversa.
Como dijo Juan Gelman
en su Mundar libro:
“Los pájaros cambian
de vida
y preguntan lo mismo de
siempre.”
El silencio enmudece la pasión
y la prolonga.
La silla vacía
La silla vacía
Una silla vacía
de voces y de guerras.
Una sombra chinesca,
deshilachada foja
que dibuja tu ausencia.
En el tiempo hay un sitio,
en el sitio una pena,
en la pena hay un cielo
donde brama la noche
en que encuentro tu nombre
en una silla ajena.
Hoy tu silla y mi silla
lloran la duermevela,
como dos adversarios
que perdieron la tierra.
A ramalazos
A ramalazos
(como hago cada día)
Todos los días encuentro
cosas de mí desagradables
y prometo enmendarlas.
(Tengo 60 años y eso nunca sucede)
Hay gente que sufre pesadillas
y las quiere olvidar
o recordar,
según su médico o psicólogo de turno.
Mis pesadillas son reales.
Las padezco.
Inesperadas se filtran obsesivas.
De tan feas me abruman
porque pienso
que ya las descubrieron hace tiempo
quienes viven conmigo: mis fantasmas.
No haré una mención escatológica,
ni orden de prelación a ramalazos.
Dice la RAE:
(pocos textos tan bellos como los diccionarios):
Ramalazo:
Adversidad que
sobrecoge y sorprende,
dimanada, (oh,
dimanada)
por lo común,
de una culpa de la que
no se sospechaba,
o por causa de
alguien.
Mi karma está confeso.
Si me cruzas por ahí,
en cualquier sitio;
y no resistes reírteme en la cara,
te ruego discreción.
Si puedes, finge disimulo.
Tú y yo
Tú y yo
(versión libérrima de un poema de blogger anónimo)
Tú,
sí,
Tú.
Yo ahora
quiero hablar de la Luna,
con o sin prosodia,
en verso, afónica,
en porteño, en español,
en jerigonza.
Hablar de lo que quieras
como quieras,
cuando quieras;
decir
la Luna se ha enfadado
porque volqué la rosa de los vientos,
la rosa del jardín rosado,
el poema con sangre macilenta
derramada en hispánicas batallas.
Quiero poner la palabra tú
en cada uno de mis versos,
ser narcisista ante un espejo ajeno,
gozar por ser engreída entre tus brazos,
vanidosa, ridícula y hermosa,
hacer y decir todo aquello que ames,
lo que sea que odies,
qué más da,
creer en hadas, magas, brujos, sanadores,
en ungüentos, pócimas,
en trastiendas y en experimentos,
en falsas culebras, en dragones de oro líquido,
o pantuflas de lana,
creer en cualquier cosa,
con tal que tú me pidas que lo crea.
Hubo en otros tiempos,
leyendas y canciones
de guerrilleros descamisados
-¡Viva Perón, carajo!
Pero no eras tú quien rondaba esas murallas
pedestres y argentinas.
En tus gemidos decías Hola,
princesa.
Comprenderás que el hábito no hace al monje
y la fortuna no está
dentro de un casino monegasco.
Mi criterio racional se enfurecía contigo.
Cuando tengas a bien
ser un republicano virtuoso,
por inciso,
ven a verme debajo de la parra,
tráeme un abanico adamascado
mas, no se lo digas a nadie.
Calla, por mi gloria y la tuya.
No es que mi voluntad
sea un viraje inapropiado
hacia tu vuelta,
es que esta noche estoy triste
y duele tanto.
José Francisco busca musa
José Francisco busca
musa
José Francisco busca musa:
Una musa inefable, cariñosa,
que pueda proveerle alguna idea,
un tono, una canción, una apostilla.
José Francisco está ávido de fama,
le han sentenciado que ese es el camino:
usar una amazona y despreciarla.
Mil y una noches antes del entierro
del hombre que en la playa estaba triste,
buscaba alguna musa para amarla
con versos abundantes de falsías,
infértiles metáforas de labios
más dulces que las mieles
de un enjambre de abejas peoncitas
sin reinado y con zángano a la vista.
"Edad, no importa
Físico: tampoco
Estado civil, soltera, viuda o separada"
Desespera el plumilla que impotente
no encuentra una mujer que le responda,
pues nadie quiere ser objeto de minucias
y a ninguna enloquecen los aspectos de cabra
de antiguos desdentados
poetas que publican en la prensa,
su halitosis, sus músculos caídos,
sus rimas y sus ripios sometidos
por usos y costumbres, al voleo.
De modo que le he dicho: "Quijotito
José Francisco Mártir, malviviente.
No tienes una amante real y te atormentas.
Lo siento, no estás bien.
Vete al psiquiatra.
Lo único que puedo responder al mamarracho
que acabas de enviarme,
por medio de etiqueta y estampilla
de página de redes internautas,
a fin de remitirme a la aventura
de leer más de lo mismo,
es que el tedio que impartes con tu música
precediendo a Virgilio, al Dante, a Göethe
es un tedio anterior a la cultura:
El tedio de creer que a las mujeres
nos seducen palabras ignorantes,
que suenen en las bocas de rufianes
el ánimo que estalla en los sentidos.
Cronificas tu abulia y te corrompes
creyendo a pie juntillas,
sin dudarlo,
que tendrá interesadas tu petitio.
Y vuelves con tu hastío amarillento
si dos o tres idiotas
se sienten halagadas y adhieren a tu lista
de inservibles.
en espera de cantos de sirena,
que quiten la gangrena de sus noches.
En cambio, complacida sigo y veo
que un puñado de varias te ha augurado
que encuentres una musa
(una hembra, quizás,
han debido decirte),
ellas no, por supuesto,
y por nobleza han callado el insulto,
por la bella belleza
de seres delicados que no buscan ser fieras.
No es mi caso, por cierto, no es mi caso.
Yo llamo papanatas,
a esas zorras que envidian a las musas
y se ofrecen de carne de cañón,
con todo gusto.
Muy feas han de ser, o demoradas
del fuego del incendio crepitante, en la sangre
de las camas de amantes del invierno.
José Francisco, ensobro y no te enfades:
Tu prosa en un dechado de obviedades.
Es mala de cojones.
Es artera.
Podría gastar noches replicando,
especulando, aborreciendo,
amonestando
tu ignominia de cruenta iniquidad,
tu petulancia,
la jactancia con que ostentas tus medallas,
los diarios donde escribes,
el editor que te publica
y tanta y tanta mezquindad
en tu porfía,
que temo que las balas atraviesen
el cerco de la letra y la pantalla
se torne un cristal roto de bohemia
y me corte el aliento de un zurdazo.
Este mundo se está desmoronando,
por sordos como tú, por asesinos
de sueños, aspirantes
a ser Premio y Castigo de un genial escritor.
Vade retro. Piratas del as falto.
José Francisco, acabo y me despido.
Tu mail está incluido en tu cinismo
de arrobas y de lances.
Saludos a tu madre, si es que tienes.
Una firma virtual y un hasta nunca.
Nos vemos en el cielo o el infierno:
Atentamente tuya
Lu Folino
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NADA. “Nada. He existido.” Sartre. La Náusea. (Una de las mejores novelas del siglo XX). Nada. He existido par...



